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Entrevista con Ulises Milla

 

Ulises Milla, mentor de Ediciones Puntocero, tiene detrás toda una historia familiar ligada a la edición en Venezuela. Puntocero fue su manera de continuarla. Supo construir un excelente catálogo con sello contemporáneo y latinoamericano.

 

Sur de Babel: Tenés una visión bien interesante de lo que es un libro hoy: un nodo transmisor de cierta información, una forma de comunicación activa entre un escritor y un lector. Una concepción del libro como algo puramente vital. ¿Cuándo en un libro son interesantes las relaciones que establece con “lo contemporáneo”?
Ulises Milla: Debemos entender contemporáneo en su significado estricto y no en su acepción más snob, que refiere erróneamente a una tendencia de consumo. Contemporáneo significa el sentimiento de pertenencia a la época en que se vive. Y en este sentido, creo que cada época está inscrita en una sensibilidad específica y cada libro publicado por Puntocero, sea ficción o no, representa esa sensibilidad desde cierto ángulo. Son libros que no hubieran podido ser escritos en una época diferente de la actual. Sus esencia argumental, más allá del estilo, nos habla de una forma de interpretar al mundo que nos rodea y esa mirada.
SdB: ¿Las escrituras latinoamericanas, como escrituras más jóvenes, están en una posición más ventajosa para “lidiar con el presente”?
U.M: Supongo que sí aunque no es una regla. La juventud nos permite ver con más claridad la forma en que operan los cambios culturales. Queremos que todo se transforme porque nosotros mismos somos producto de una metamorfosis. El mundo adquiere sentido cuando se modifica y el presente es su resultado. Un resultado circunstancial y momentáneo. Los jóvenes –contemporáneos– son estructuralmente reactivos a la uniformidad y eso, a mi juicio, repotencia su capacidad de interpreteción: no hay una respuesta para cada pregunta ni una solución a cada problema.
SdB: ¿Hubo un libro primero que te haya decidido a crear Ediciones Punto Cero?
U.M: No, lo que hubo fue una forma de entender y disfrutar la literatura.
SdB: ¿Cuál es el aporte que Punto Cero incorpora en el mapa cultural y editorial?
U.M: No sé, sería muy prematuro adjudicarnos un aporte. Sugeriría esperar 5 años más para poder evaluar si hubo o no aporte. Nos conformaría saber que hicimos circular buenos libros que resultaron interesantes e inspiradores para un número reducido de lectores. Hay demasiados emprendimientos editoriales y gran parte de ellos, de mucha calidad. La oferta no puede ser más amplia y en ese océano navegamos todos aquellos interesados por los libros, seamos editores o lectores. Si algo contemporáneo nos define es que no buscamos la trascendencia.
SdB: Hoy en día está más sobre el tapete que los latinoamericanos nos leamos sin tantos intermediarios, favorecer la circulación de libros entre países vecinos. Pero por otro lado, también se boicotea esto, al tener tantas limitaciones logísticas para el viaje de los libros. Venezuela y Argentina están en una situación similar ahora, en relación al tema de las importaciones. ¿Cómo pega esto a tu trabajo y qué solución posible se puede implementar?
U.M: El impacto es negativo, sin duda alguna. El problema se origina al considerar el libro como un bien equiparable a una escoba o una botella de whisky. La circulación de ideas a través de la mayor cantidad de libros posibles evidencia la pluralidad cultural de un país, por lo tanto, desde el momento que un gobierno le impone trabas arancelarias o elimina ciertos privilegios impositivos está lesionando gravemente el desarrollo intelectual de una sociedad. Algunas personas tienden a menospreciar estos argumentos que lucen elitescos frente a problemas más urgentes y de fondo como, por ejemplo, la pobreza de nuestros países. No obstante, creo que una cosa no excluye la otra y por el contrario, ambas deben ser atendibles y prioritarias. En el caso de Venezuela, después de una década de control de cambio, los resultados están a la vista: nuestras librerías están totalmente desactualizadas. Visitar una librería de Bogotá, Montevideo o Buenos Aires es un constatación inequívoca de que algo no está funcionando. La producción editorial nacional, en crecimiento lento, pero constante, no llega a cubrir el 20% de la demanda de los lectores, y aunque las restricciones en las importaciones han generado un beneficio colateral al potenciar la producción nacional, considero que lo que se ha perdido en términos de culturales es mucho mayor.
En Argentina este proceso recién comienza y deberíamos saberlo a estas alturas: no existe control de cambio eficaz. Su propia naturaleza es alimentarse de más y más mecanismos de control, porque la divisa extranjera es como el agua y siempre encontrará una grieta por la cual escaparse hasta que un nuevo control logre detenerla mientras otra grieta se abre y así, ad eternum.
Por si no hubiera quedado claro en la cháchara anterior, como editorial exportadora Puntocero las tiene negras. Sobre todas las cosas porque nuestros envíos de libros hacia la Argentina son cantidades muy pequeñas que no justificarían, bajo ninguna circunstancia, imprimir in situ.
Termino diciendo que debemos poner nuestra mirada sobre el libro electrónico, quizá allí esté parte de la solución.
SdB: ¿Cómo llegaste al libro de Fernanda Trías? ¿Qué te llevó a reeditarlo?
U.M: Por casualidad. Mi esposa, que es española y vivió varios años en Montevideo, me la recomendó con un entusiasmo inusual. Al leer las primeras diez páginas sabía perfectamente que era un gran libro. Soy un lector obsesivo de Onetti y al leer La azotea no pude evitar sentir su rastro: su sobriedad y precisión en el lenguaje y la forma incómoda en que roza nuestro lado más oscuro.
SdB: Un autor venezolano contemporáneo que los argentinos deberíamos leer…
U.M: Ocar Marcano

 
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