1) ¿Desde cuando existe Gárgola?
La editorial comenzó a publicar en el 2003. Nuestro arranque fue con una reedición de Matando enanos a garrotazos, de Laiseca, y un libro de poesías de Tom Lupo, Entre muebles y sombras.
2) ¿Qué fue lo que motivó la creación de este sello?
La idea de acompañar lo que estábamos haciendo con Oliverio, la revista de literatura que sacábamos, dedicada a la literatura argentina. También forma parte de algo más coyuntural, la aparición, después del 2001, de pequeños sellos que sin demasiada infraestructura podían “darse el lujo” de editar autores y libros que estaban al margen del mercado. Gárgola es parte de eso.
3) ¿Cómo empezaste a pensar el catálogo, con qué criterios?
Dejando de lado la colección de clásicos de la literatura, que funciona como un fondo editorial constante que nos da cierto aire, el proyecto siempre tuvo dos caminos. La publicación de nuevos autores a través de la colección “Laura Palmer no ha muerto”, y la edición y reedición de autores como Daniel Moyano, Alberto Laiseca (aunque hoy es mucho más reconocido), el mismo Gamarra o Mabel Pagano, que tanto los grandes sellos como los circuitos de validación académica han olvidado de manera incomprensible. Muchos de estos autores suelen ser del interior, y ahí es donde planto bandera porque soy entrerriano. Hay otros autores en nuestro catálogo que han tenido más suerte, como Juan Sasturain o Antonio Di Benedetto.
4) ¿ En qué se distingue la colección Laura Palmer no ha muerto del resto de las obras publicadas en Gárgola?
Es una colección de nuevos narradores, autores nacidos en la década del setenta y ochenta. Ya desde el nombre de la colección, hay una apuesta a “nombrar” a una generación. No para circunscribirla a una estética, sino más bien a un tipo de experiencia. La dictadura es un mal sueño de la infancia y la guerra de Malvinas un juego: matábamos ingleses en el patio de nuestras casas (lo digo en primera persona porque me incluyo en estas batallas). “Laura Palmer no ha muerto” remite a Twin Peaks, la serie de televisión de David Lynch, y es una manera de instaurar un paisaje: la televisión por cable, después Internet, forman parte indiscutible de nuestra formación tanto como lo hacen Dickens, Dostoievski o Verne.
5) ¿Cómo llegó Gamarra a la editorial?, ¿qué es lo que más te atrajo de su novela?
La profundidad poética llena de matices de su prosa, la textura trágica pero a la vez festiva de su historia. Por otra parte Rosario y la Serenata no es la primera novela de Gamarra en el sello. Antes publicamos La punta del bastón, una hermosa novela en la que reconstruye un pueblo chaqueño de principios del siglo XX, y a través de Cuatro Vientos, Los ciclos. Para mí Enrique es uno de esos autores del interior que por caprichos y negligencias varias, no han tenido el reconocimiento que sus obras merecen. Está a la altura de Tizón y del mismo Moyano, no me cabe duda alguna, y sólo me gustaría que cosas como estas (el reconocimiento que le dan ustedes al elegir uno de sus libros) pasaran más seguido.
6) Hay muchos autores jóvenes en la editorial, que están empezando a armar un camino interesante, ¿hay algo en común en ellos?
La experiencia que te nombraba anteriormente. Insisto en esto porque más allá de los variados intereses de cada uno, nuestro imaginario está marcado por el cable e Internet como el imaginario de los autores nacidos en los treinta y los cuarenta está marcado por el cine. Además de esto, hay una aspiración: reunir autores que sin proponérselo planteen antes que una estética, una ética frente a su propia escritura. Honestidad ante sus obsesiones, talentos y limitaciones, compromiso con la necesidad propia y no con los mandatos exteriores. Hablando en criollo, escritores que pongan toda la carne en el asador sin especular, una y otra vez.
7) Hoy en día hay un furor en ser editado, muchas veces pareciera haber más autores que lectores: ¿cómo ves esta relación, es así? ¿En tu opinión, hay lugar para todos en el mercado? ¿Se puede generar ese lugar? ¿Cómo?
El problema para mí es cuando los autores no son lectores. Si hay muchos autores, genial, porque eso debería significar que hay muchos lectores. No sólo porque sin la pasión por la lectura es incomprensible la pasión por la escritura (uno escribe o intenta escribir los libros que quiere leer), sino también por una cuestión de, digamos, solidaridad gremial. Respecto al mercado, hay una paradoja que me parece muy valiosa: nuestro mercado es tan pero tan chico, que justamente por eso hay lugar para todos. Editoriales como la nuestra sólo pueden prender velas para que un libro de un salto a la masividad y, mientras tanto, publicar lo que más nos gusta. No hay garantías de ventas y eso te da libertad. Por supuesto que para sobrevivir, hay que generar todo tipo de espacios alternativos y estar atentos. La imaginación no sólo tiene que estar en el interior de los libros, y hay que buscar la vuelta para llegar a los lectores. Un proyecto como el de ustedes, es una clara muestra de eso.
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