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Entrevista con Moira Irigoyen

Entre cálidos aromas, y ricos tes de vainilla y arándano, Moira nos cuenta cómo piensa su literatura, cómo fue el proceso de creación que dio a luz la maravillosa novela Ese verano, selección del mes de junio en Sur de Babel, y cómo se relacionó con la editorial El fin de la noche.

 

Moira iri 

SdB: ¿Cuándo y cómo comenzó tu trayectoria como escritora?

 

M.I: Yo tenía una amiga en la carrera de Letras, ella escribía y a mí me deslumbraba lo bien que lo hacía. Un día le dije: quiero largarme a escribir, porqué no me das una consigna y yo me mando. No me acuerdo ni qué me dijo, pero ahí empecé y seguí. El camino se fue profundizando cada vez más. En un punto no hay nada que me interese más que escribir, salvo mi hija. Hago un montón de cosas, pero la escritura es un camino que fue volviéndose cada vez más fundamental.

Una de las primeras cosas que publiqué fue una novela: En el fondo de la materia crece una vegetación oscura en la editorial Paradiso con un subsidio de Antorchas. Es una novela muy llevadera, en una clave bastante de humor. Todo transcurre en un edificio, hay un problema con el agua, es medio siniestra. Después dejó de interesarme la clave de la ironía, me empecé a alejar de la literatura a la que se llega más por el lado de la inteligencia. O por lo menos empezó a ser un desafío para mí no echar mano de ese recurso.

Si yo miro hacia atrás, veo que recorrí mucho. Uno cambia todo el tiempo el mojón, porque siempre hay algo nuevo que uno quiere producir. Para mi era muy importante llegar a un contacto más emocional con la literatura. Pienso que la formación universitaria de Letras está cargada de una cantidad de cosas racionales que hoy en día me parecen bastante “cortas”. Ya no me resulta atractivo.

Después, hay un libro de cuentos, Combustible. Luego, el cuento “Un anillo para un conejo” que aparece en la antología Una terraza propia de Florencia Abatte. En ese cuento hay un quiebre muy fuerte a nivel personal. Lo escribí en tres días y muy movilizada. Algo totalmente distinto a lo que yo había hecho antes, que era algo más “trabado”, corregía mucho… ese cuento fue una especie de vómito. A partir de ahí, cambió para siempre la relación con mi escritura. Algo se liberó, pasó. Hay algo que yo no puedo decir bien qué es: algo que aparece en la escritura aunque vos no quieras.

También escribí para chicos. Tengo un último relato, del que estoy muy contenta, que está en SM para ser publicado este año. Quedó finalista del concurso de SM. La literatura infantil es un campo precioso, cuando los textos están logrados, rozan el campo de lo poético. Con la literatura infantil, creo que también cumplí un ciclo. No quiero entrar en la vorágine de escribir por obligación. No tengo una máquina de narrar. Siento ahora, por ejemplo, que con Ese verano también se clausuró algo.

 

SdB: Sos respetuosa de tus ganas y de tus tiempos.

 

M.I: Sí, trato de no contaminar ese espacio con otras cosas.

El último cuento que escribí está ahora en la web (http://cuatrocuentos.wordpress.com/2009/04/07/moira-irigoyen-todos-los-gatos-descienden-de-los-faraones/). Es muy interesante, otro paso distinto, más complejo. El proceso que te hace llegar a las cosas literarias es raro. Yo siento que ese cuento evoca algo muy íntimo. Fue un proceso de sanación. Hay cosas que uno escribe que en el momento no sabe bien qué significan. Cuando volví a leer este cuento me di cuenta que lo que se narra ahí es una situación de despedida, y eso está muy ligado con la escritura. El personaje puede escribir cuando logra pasar por ese momento de despedida. Hay algunos pasajes que están quizás demasiado “pensados”. Lo mismo me pasa con Ese verano. Hay una voz que me hace un poco de ruido. El relato en redonda es amable, la otra me parece medio presuntuosa.

 

SdB: Justo hablábamos de eso hace un rato: la narradora de la letra en itálica es la que complejiza la historia pero le da un sentido lindo, no presuntuoso, sino hasta necesario.

 

M.I: Recibí una vez un comentario de un escritor que era jurado del concurso de Página 12, y que me molestó un poco. Me dijo: “Tu novela, bien, pero sacá un poco de literatura, ya sabemos que leíste…” Me cayó mal porque yo no trato de demostrar nada.

 

SdB: La gente con esos comentarios traslada más sus propios complejos que otra cosa.

 

M.I: Yo entiendo que la historia se complejiza por esa voz, y que en un principio es medio chispeante, pero después se integra en la narración. El proceso de producción fue así: hay muy poca corrección, empecé de golpe con la letra en itálica y verdaderamente yo no sabía adónde iba. Si lo hubiera pensado, no lo hubiera hecho. A ese juego meta- textual no lo hubiese suscripto en teoría. Avanzaba, y yo no sabía si era algo que iba a tener que sacarlo por completo o qué. Después cayó y me dí cuenta de quién era esa voz. Por eso digo que hay algo auténtico en esta novela: cuando como lector no se entiende bien quién es la narradora, es porque realmente yo tampoco lo sabía. Al final, por suerte, la novela se ensambló muy bien.

 

SdB: ¿Cómo te resultó la experiencia de editar a través de este novedoso sistema que propone El fin de la noche?

 

M.I: Con esta novela tuve satisfacciones: fue finalista en el concurso de Novela Página 12, en la cual había un buen jurado. Después, salió mención del Fondo Nacional de las Artes, con lo cual dije: “bueno, quiere decir que vale”, pero a la hora concreta de ir a buscar una editorial me costó mucho. No encontraba. En algunos casos, había unas devoluciones buenas, pero no pasaba nada. Me volví amiga de Florencia Abatte. Ella compiló un libro de cuentos donde había uno mío. Siempre conversamos de cosas literarias y ella me ofreció sacarlo por Tantalia, pero no sabíamos muy bien qué hacer. Más adelante, ella me dice que estaba hablando con la gente de El fin de la noche, me explica el sistema de producción a demanda, donde no hay necesidad de hacer muchos ejemplares. A mí me cerró económicamente y me dio la oportunidad de venderlo yo, fui recuperando de a poco. Hay algo que me resultó muy bueno de cómo fluyeron las cosas con Ese verano: yo no tengo 500 libros guardados en mi casa para después tener que regalarlos porque ya no tengo dónde ponerlos. Eso hace que yo le dé el libro a quien realmente le importe. La gente de El fin de la noche es muy interesante. Yo ya estaba con muchas ganas de publicar, necesitaba pasar a otra cosa. Hasta ahora la ecuación me pareció muy buena. Yo pedí que por lo menos estuviera en dos librerías.

 

SdB: Claro, el tema de las nuevas tecnologías puede ser visto desde la perspectiva del editor y del autor con distintas consecuencias: para el autor es menos la visibilidad en las librerías y eso puede llegar a ser un factor o una carencia importante.

 

M.I: Claro, seamos claros: circula menos porque acá no está el hábito de que alguien escriba, encargue el libro, lo espere en la casa. Pero me encontré con gente copada, la cosa circuló. Para mí estuvo muy bien. A mí me interesa lo siguiente: hay un momento en el que la obra se abre paso o no lo hace, no tiene por qué suceder. Cuando uno lee algo que le gusta tiene ganas de recomendarlo, de pasarlo, de regalarlo, es como un hallazgo que uno quiere transmitir. Por eso me gusta mucho lo que ustedes hacen. Yo quiero que pase eso con mi obra si no que no pase nada… No me interesa la cosa de los colegas, de entrar en un mundillo sólo para darse oxígeno. Lo dije en la presentación “Ojalá que a ustedes les guste” y si les gusta, se va a ir haciendo la historia. Por eso fue muy lindo cuando me enteré lo de Sur de Babel. A ustedes les gustó, y de golpe van a haber más de 100 personas a las que les llegue mi novela. En cambio, el operativo de prensa… siento mucho agobio con respecto a todo ese aparataje.

 

SdB: En definitiva es mejor tener un resultado concreto, que tarde más tiempo – de un lector que recomienda a otro- pero que sea efectivo, que haya gente que realmente disfrute de la novela y que no sea una parafernalia de prensa y ya.

 

M.I: Claro. Lo que me resultó más grato de esta novela es lo que pasó con la gente que la leyó. Lo de la web por eso me parece interesante: las cosas son más individuales, de uno a uno, más delicado. Para mí, para estas expectativas mías, fue muy interesante.

 

 

 

 

 
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